Historia de la Franja de Gaza

Como muchos otros territorios de Oriente Próximo, el área que hoy comprende la franja de Gaza tiene una larga historia de conquistas. Situada en el sector oriental de la región mediterránea, cerca de la encrucijada entre África, Asia y Europa, ha experimentado gran parte del flujo y reflujo de diversos pueblos y culturas durante su historia. Antes de la llegada de los filisteos en el siglo XIII a.C. (de donde proviene el nombre de Palestina), la ciudad de Gaza sirvió como residencia del gobernador egipcio de Canaán, que era el nombre de la región en esa época. Los filisteos se instalaron en la zona costera, cuyo núcleo principal era la ciudad de Gaza, y expulsaron a los cananeos. Las ciudades y tierras circundantes cambiaron muchas veces de manos en los dos mil años siguientes, pero con frecuencia eran conquistadas por ejércitos que cruzaban el área en dirección a objetivos más significativos, pues Gaza nunca alcanzó la importancia de ciudades situadas más al norte, en la costa, en el interior o en Egipto.
Bajo los términos de la Partición de Palestina de las Naciones Unidas (Resolución 181 de la ONU de 1947), Gaza habría sido parte de un Estado árabe palestino. No obstante, los árabes rechazaron esta propuesta, y cuando Israel declaró su independencia en mayo de 1948, el Ejército egipcio atacó territorio del recién creado Estado desde el sur. En su avance desde la península del Sinaí, las fuerzas egipcias llegaron a la costa en un intento de alcanzar Tel Aviv-Yafo, mientras se adentraban a través del desierto de Néguev para llegar a Beersheva y Jerusalén. Aunque Israel rechazó estos ataques, la presión británica para alcanzar un acuerdo de alto el fuego impidió a Israel expulsar de la franja de Gaza a las fuerzas egipcias. Como consecuencia del rechazo árabe a la resolución y del posterior ataque, Israel conquistó gran parte del territorio asignado a los palestinos; Gaza, en cambio, quedó bajo control egipcio. La población de la franja de Gaza aumentó bruscamente debido a la entrada de refugiados palestinos.
Bajo gobierno egipcio, el territorio soportó la carga de acoger a los refugiados en una época de escaso desarrollo económico. El acceso de los habitantes palestinos a Egipto se limitó, por lo que gran parte de la población, en su mayor parte no cualificada y que dependía de la Agencia de Naciones Unidas para la Ayuda a los Refugiados Palestinos en Oriente Próximo, tuvo que limitarse a construir y mantener campos de refugiados en la franja de Gaza. Mientras que los palestinos de Cisjordania recibían la ciudadanía jordana, Egipto no concedió su ciudadanía a los habitantes de la franja de Gaza, por lo que, en la actualidad, no poseen nacionalidad alguna y sólo han podido acceder al pasaporte concedido por las Naciones Unidas.
En 1956 Israel conquistó Gaza como parte de su campaña, coordinada con Gran Bretaña y Francia, contra las acciones egipcias encaminadas a nacionalizar el canal de Suez y a cerrar las rutas marítimas del mar Rojo a través de las cuales Israel tenía salida al mar por el sur. Bajo presión internacional, Israel renunció a este territorio. En la década siguiente, tropas procedentes de Egipto apoyaron la actividad de grupos palestinos que utilizaron la franja de Gaza como área de operaciones para ataques terroristas contra el Estado de Israel. Este hecho, unido a las amenazas egipcias contra Israel y al nuevo cierre de las rutas marítimas internacionales, provocó el estallido en 1967 de la guerra de los Seis Días. Israel conquistó de nuevo la franja de Gaza, además de la península de Sinaí, Cisjordania y los Altos del Golán.
Desde 1967, Gaza ha aumentado paulatinamente su dependencia de Israel, consecuencia inevitable de la política israelí, diseñada para dominar la economía palestina, de menor relieve. El resentimiento procedente de la combinación de las presiones populares, la débil economía y la gran población de refugiados, ha dado lugar a que Gaza haya sido durante mucho tiempo centro del activismo palestino. En la década de 1980, Israel promovió el desarrollo de grupos islámicos para compensar a las fuerzas nacionalistas. Desde que la sublevación popular palestina, más conocida como intifada, estalló en Gaza en 1987, los grupos nacionalistas e izquierdistas y las fuerzas islamistas han competido por el control de la zona.
En mayo de 1994 la Autoridad Nacional Palestina asumió el control de Gaza de acuerdo con los términos del acuerdo entre Israel y la OLP, firmado en septiembre de 1993; las tropas israelíes completaron su retirada de la franja el 18 de mayo. El 1 de julio, multitudes entusiastas recibieron en Gaza a Yasir Arafat, que regresó a Palestina por vez primera después de veinticinco años de exilio. No obstante, la inestabilidad en el territorio es aún un factor importante y sin visos de solución a corto plazo. Los grupos islamistas Hamas y Yihad Islámica, opuestos al plan de paz, mantienen su estrategia de enfrentamiento y crispación entre la población mediante atentados indiscriminados y altercados callejeros.
En septiembre de 1995 Israel y la Autoridad Palestina firmaron un segundo acuerdo de paz en el que se preveía la convocatoria de elecciones en este territorio autónomo y se ampliaba el régimen de autogobierno a la práctica totalidad de las ciudades, aldeas y campos de refugiados localizados en Cisjordania. En los comicios, celebrados en enero de 1996 en las áreas palestinas de la franja de Gaza y Cisjordania, Arafat fue elegido presidente de la Autoridad Palestina con una holgada mayoría, a la vez que eran elegidos los 88 diputados del Consejo Palestino. Hamas y otros grupos islamistas boicotearon las elecciones. El consejo, que aúna poderes legislativos y ejecutivos, se reunió por vez primera en marzo de 1996 en la ciudad de Gaza. Dos meses más tarde, Benjamín Netanyahu, dirigente del conservador Likud, fue elegido primer ministro de Israel. Netanyahu, fiel a sus promesas electorales, se mostró reacio a poner en marcha todo lo firmado por sus predecesores en el cargo relativo a los acuerdos de paz con los palestinos, de modo que las negociaciones quedaron estancadas en noviembre de 1997.
Pese a todo, en noviembre de 1998 fue inaugurado, como parte de un nuevo acuerdo de paz palestino-israelí, el aeropuerto internacional de Gaza. Los dirigentes palestinos esperaban que su apertura sirviera de estímulo a su debilitada economía, a la vez que un paso simbólico en la marcha hacia la consecución de un Estado palestino soberano. No obstante, Israel congeló al mes siguiente la plena aplicación de dicho acuerdo, en concreto la parte relativa a la retirada de tropas de varias áreas de Cisjordania. Su negativa a seguir adelante con la salida prevista se fundamentaba en que las autoridades palestinas eran incapaces de llevar a cabo sus compromisos en materia de seguridad. De este modo, el acuerdo de paz quedaba de nuevo estancado, dejando sin resolver el estatus final de la franja de Gaza y los sectores de Cisjordania bajo control palestino.
Palestina, región histórica cuya extensión ha variado en gran medida desde la antigüedad, situada en la costa oriental del mar Mediterráneo, al suroeste de Asia, y actualmente dividida en su mayor parte entre Israel, Jordania (con anterioridad denominada Transjordania) y los territorios autónomos palestinos de Cisjordania y la franja de Gaza.
TERRITORIO
Beduinos a orillas del Jordán Aunque es un río muy conocido desde un punto de vista histórico por las múltiples referencias que de él se hacen en la Biblia, el Jordán no es muy importante desde el punto de vista de su caudal. Tiene una longitud de unos 320 km y, excepto por la presencia de algunos rápidos o de las crecidas estacionales, es un río poco profundo, estrecho y lento en su discurrir. No obstante, en una región tan árida como el Oriente Próximo, la pequeña cantidad de agua que aporta el río Jordán es de gran importancia. Así, para Israel supone la principal fuente de suministro de agua de superficie a través del lago Tiberíades, de donde se obtiene la mitad del agua potable del país. La región tiene un terreno muy diverso que se divide generalmente en cuatro zonas paralelas. De oeste a este son: la llanura costera; las colinas y montañas de Galilea, Samaria y Judea; el valle del río Jordán, que separa Cisjordania y Transjordania, y la meseta oriental. En el extremo sur se halla el Néguev, un accidentado desierto. La altitud de las elevaciones oscila entre los 395 m bajo el nivel del mar en las costas del mar Muerto, el punto más bajo de la superficie terrestre, y los 1.020 m de la cumbre del monte Hebrón.
La región tiene varias zonas fértiles que constituyen su principal recurso natural. Las más notables de todas ellas son la llanura de Sharon, a lo largo del sector septentrional de la costa mediterránea, y la llanura de Esdrelón (o Yizreel), un valle situado al norte de las colinas de Samaria. Sin embargo, el abastecimiento de agua de la región no es abundante; casi todas las precipitaciones anuales se producen durante los meses invernales y son modestas. El río Jordán, el único cauce ininterrumpido de la región, fluye hacia el sur a través del lago Tiberíades (el único lago de agua dulce de la zona) hasta el mar Muerto, de gran salinidad.
HISTORIA
Los cananeos fueron los primeros habitantes conocidos de Palestina. Durante el tercer milenio a.C. se establecieron en diversas ciudades-estado, una de las cuales fue Jericó.
Desarrollaron un alfabeto a partir del cual se derivaron otros sistemas de escritura; por otro lado, su religión tuvo una importante influencia en las creencias y prácticas del judaísmo, y, más tarde, en el cristianismo y el islam.
Su localización —en el centro de las rutas que unían tres continentes— convirtió a Palestina en punto de encuentro de influencias religiosas y culturales procedentes de Egipto, Siria, Mesopotamia y Asia Menor. Fue también el campo de batalla natural de las grandes potencias de la región y estuvo sujeta a la dominación de los imperios vecinos, empezando por Egipto, en el tercer milenio a.C.
La hegemonía egipcia y la autonomía cananea padecieron durante el segundo milenio a.C. las invasiones de pueblos tan diversos como los amorreos, los hititas y los hurritas. No obstante, estos invasores fueron derrotados por los egipcios y absorbidos por los cananeos, cuyo número en esa época pudo haber ascendido hasta los 200.000 habitantes aproximadamente. A partir del siglo XIV a.C., cuando el poder egipcio comenzó a debilitarse, aparecieron nuevos invasores: los hebreos, un grupo de tribus semitas procedentes de Mesopotamia, y los filisteos (en hebreo, pelishtim), un pueblo egeo de raza indoeuropea que dio su nombre a la región.
El reino israelita
Las tribus hebreas probablemente emigraron a la región siglos antes de que el profeta hebreo Moisés liberara a su pueblo de la servidumbre en Egipto (1270? a.C.), y su sucesor Josué conquistara la mayor parte de Palestina (1230? a.C.). Los conquistadores se establecieron en el área montañosa del país, pero no fueron capaces de conquistar todo el territorio.
Los israelitas, una confederación de tribus hebreas, derrotaron finalmente a los cananeos alrededor del año 1125 a.C. pero no ocurrió lo mismo con los filisteos. Éstos habían establecido un Estado propio en la costa meridional de Palestina y controlaban varias ciudades al norte y al este. Con una organización militar superior y gracias al uso de armas de hierro, derrotaron severamente a los israelitas en torno al año 1050 a.C. La amenaza filistea obligó a los israelitas a unirse y a establecer una monarquía. David, el gran rey de Judá e Israel, derrotó a los filisteos poco después del año 1000, con lo que éstos últimos y los cananeos fueron finalmente asimilados.
La unidad de Israel y la debilidad de los imperios adyacentes permitió a David establecer un gran reino independiente, cuya capital fue Jerusalén. Bajo su hijo y sucesor, Salomón, Israel disfrutó de paz y prosperidad, pero a su muerte en el año 922 a.C. el reino fue dividido en dos: Israel, al norte, y Judá, al sur. Cuando los imperios cercanos reanudaron su expansión, los israelitas, divididos, no pudieron mantener durante más tiempo su independencia. Israel cayó ante Asiria en los años 722 y 721 a.C., y Judá fue conquistado en el año 586 a.C. por Babilonia, que destruyó Jerusalén y exilió a gran parte de los judíos que la habitaban.
El dominio persa
Se permitió a los judíos mantener su identidad nacional y religiosa en el exilio; algunos de sus mejores escritos teológicos y muchos libros históricos del Antiguo Testamento fueron escritos durante este periodo. El recuerdo de la tierra de Israel estaba patente en sus escritos. Cuando Ciro II el Grande de Persia conquistó Babilonia en el año 539 a.C. les permitió regresar a Judea, un distrito al sur de Palestina. Bajo el dominio persa los judíos recibieron una considerable autonomía. Reconstruyeron las murallas de Jerusalén y codificaron la ley mosaica, la Torá, que se convirtió en el código de la vida social y la práctica religiosa. Los judíos creían que estaban vinculados a un dios universal, Yahvé, por un pacto; de hecho, su concepto de un dios ético es quizás su contribución más grande a la civilización mundial.
La provincia romana
A la dominación persa de Palestina le siguió el gobierno griego cuando Alejandro III el Magno de Macedonia conquistó la región en el año 333 a.C. Los sucesores de Alejandro, miembros de la dinastía Tolemaica de Egipto y de la Seléucida de Siria, continuaron gobernando la zona. Estos últimos intentaron imponer la cultura y religión helenística (griega) a la población. En el siglo II a.C., sin embargo, los judíos, dirigidos por la familia de los Macabeos, se rebelaron y organizaron un estado independiente (141-63 a.C.) hasta que Cneo Pompeyo Magno conquistó Palestina para Roma y la convirtió en una provincia gobernada por dirigentes judíos.
Durante el reinado del rey Herodes el Grande (37-4 a.C.), nació Jesucristo, la figura principal de la religión a la que da nombre.
Estallaron dos revueltas judías contra la dominación romana (del año 66 d.C. al año 73 y del año 132 al año 135), pero fueron reprimidas. Después de la segunda, la destrucción de Jerusalén y la dura represión sobre los judíos provocó su diáspora hacia otros territorios. Judea pasó a llamarse Palestina.
Palestina recibió una atención especial cuando el emperador romano Constantino I el Grande legalizó la actividad de la hasta entonces perseguida Iglesia cristiana en el año 313 d.C a través del denominado Edicto de Milán. Su madre, Elena, visitó Jerusalén, y Palestina, en tanto que núcleo principal de Tierra Santa, se convirtió en el centro de las peregrinaciones cristianas. La consecuencia de esto fue una época dorada de prosperidad, seguridad y desarrollo de la actividad cultural. La mayor parte de la población se helenizó y cristianizó. No obstante, el gobierno bizantino fue interrumpido durante una breve ocupación persa (614-629) y finalizó por completo cuando los ejércitos musulmanes conquistaron Jerusalén en el año 638 d.C.
El califato árabe
La conquista árabe inició 1.300 años de presencia musulmana en lo que entonces se conocía como Filastin. Palestina era un territorio sagrado para los musulmanes porque el profeta Mahoma había designado Jerusalén como la primera qibla (o quibla, dirección hacia la que los musulmanes dirigen sus plegarias; con posterioridad y hasta la actualidad, la oración debe efectuarse con los fieles orientados hacia la ciudad de La Meca) y porque se creía que había ascendido al cielo en un viaje nocturno desde el lugar donde se alzó el templo de Salomón, en el que más tarde se construyó la cúpula o mezquita de la Roca. Jerusalén se convirtió así en la tercera ciudad sagrada del islam.
Los gobernantes musulmanes no obligaron a los palestinos a adoptar su religión; de hecho, pasó más de un siglo antes de que se convirtiera la mayoría al islam. Los cristianos y judíos eran considerados ‘pueblos del Libro’. Se les concedió el control autónomo de sus comunidades y se les garantizó seguridad y libertad de culto. Tal tolerancia (con raras excepciones) no ha sido habitual a lo largo de la historia de las religiones. La mayor parte de los palestinos adoptaron la cultura árabe e islámica. Palestina se benefició del comercio entre los territorios musulmanes y de su trascendencia religiosa durante el gobierno de la primera dinastía musulmana, los Omeyas de Damasco. Cuando el califato pasó a manos de los Abasíes de Bagdad en el año 750, Palestina quedó olvidada. Sufrió desórdenes y la dominación sucesiva de los selyúcidas, los fatimíes y los cruzados europeos (ver Califato; Cruzadas). Con todo, participó del esplendor de la civilización musulmana del momento, en concreto, en lo relativo a la ciencia, el arte, la filosofía y la literatura. Con posterioridad, Palestina decayó bajo el reinado de los mamelucos y comenzó su decadencia.
El dominio otomano
Los turcos otomanos de Asia Menor derrotaron a los mamelucos en 1517 y, con pocas interrupciones, gobernaron Palestina hasta 1917.
El país quedó dividido en varios distritos (denominados sanjaks o sanjacados), como el de Jerusalén. La administración de estos distritos se confió en su mayor parte a los palestinos arabizados, descendientes de los cananeos y de los colonizadores posteriores. No obstante, las comunidades cristiana y judía recibieron una amplia autonomía. Palestina participó del esplendor del Imperio otomano durante el siglo XVI, pero perdió toda importancia con la decadencia de éste en el siglo XVII —lo que afectó a la actividad económica en el territorio y provocó el consiguiente descenso demográfico—, que continuó hasta el siglo XIX. En esa época, las potencias europeas, en busca de materias primas y mercados, y llevadas también por intereses estratégicos, llegaron a Oriente Próximo, estimulando el desarrollo social y económico. Entre 1831 y 1840, Mehmet Alí, el virrey (pasa) de Egipto, partidario de la modernización, expandió su área de influencia hasta Palestina. Sus reformas políticas supusieron la eliminación del orden feudal, el incremento de la agricultura y la mejora de la educación. El Imperio otomano reafirmó su autoridad en 1840 e instituyó sus propias reformas. A partir de 1880 colonos alemanes e inmigrantes judíos llevaron a la zona la maquinaria moderna y el capital que la región necesitaba urgentemente.
El auge del nacionalismo europeo durante el siglo XIX, y especialmente la intensificación del antisemitismo a partir de 1880, estimuló a los judíos europeos a buscar refugio en su “tierra prometida”, Palestina. El escritor y periodista Theodor Herzl, autor de El estado judío (1896), fundó la Organización Sionista Mundial en 1897 para resolver el “problema judío” en Europa (ver Sionismo). Como resultado, la emigración judía a Palestina se incrementó de manera espectacular.
En 1880, los árabes palestinos constituían alrededor del 95% de una población total de 450.000 habitantes. No obstante, algunos dirigentes palestinos reaccionaron con alarma ante la emigración, la compra de terreno y las reivindicaciones judías, y desde entonces se convirtieron en inexorables opositores al sionismo.
El mandato británico
La promesa que los británicos hicieron a los dirigentes árabes, en especial a través de la correspondencia mantenida (1915-1916) con Husein ibn Alí —gran jerife (perteneciente a la familia de Mahoma) de La Meca—, de conceder la independencia de sus territorios tras la conclusión de la I Guerra Mundial, permitió la expulsión de los turcos de Palestina entre 1917 y 1918. Los británicos, sin embargo, no mantuvieron sus promesas a los árabes. Así, en el tratado secreto Sykes-Picot firmado con Francia y Rusia en 1916, Gran Bretaña se comprometía a dividir y gobernar la región con sus aliados. Posteriormente, a través de la Declaración Balfour (1917), Gran Bretaña garantizó a los judíos (cuyo apoyo económico necesitaban para mantener el esfuerzo bélico) un “hogar nacional” judío en Palestina. Esta promesa se incorporó posteriormente al mandato conferido a Gran Bretaña por la Sociedad de Naciones en 1922.
Durante su mandato (1922-1948) los británicos encontraron difícil reconciliar las promesas hechas a ambas comunidades. Las organizaciones sionistas mantuvieron la emigración judía a gran escala y algunos hablaron de la constitución de un Estado judío en toda Palestina. Esta actitud provocó el rechazo de los palestinos, temerosos de ser desposeídos de sus territorios por los sionistas; hubo ataques antisionistas en Jerusalén (1920) y Yafo (1921). En 1922, una declaración británica rechazó las reivindicaciones sionistas sobre toda Palestina y limitó la inmigración judía, pero reafirmó el apoyo al “hogar nacional judío”. Los británicos propusieron establecer un consejo legislativo, pero los palestinos rechazaron este consejo por considerarlo discriminatorio.
Después de 1928, cuando la inmigración judía se incrementó ligeramente, la política británica a este respecto osciló bajo las conflictivas presiones arabe-judías. La afluencia de judíos procedentes de Europa central aumentó bruscamente tras la llegada del régimen nazi a Alemania en 1933; así, en 1935 casi 62.000 judíos entraron en Palestina. El temor a la dominación judía fue la principal causa de la revuelta árabe que estalló en 1936 y continuó intermitentemente hasta 1939. En esa época Gran Bretaña había restringido de nuevo la inmigración y la adquisición de tierras por parte de los judíos.
El periodo posterior a la II Guerra Mundial
Acuerdo de Paz de Oriente Próximo, 1993 En septiembre de 1993, el primer ministro israelí Isaac Rabin, izquierda, y el presidente de la Organización para la Liberación de Palestina Yasir Arafat, a la derecha, accedieron a firmar un histórico acuerdo de paz. El tratado preparó el terreno para la autonomía limitada en los territorios ocupados por Israel. Tras la firma, los antiguos enemigos se estrecharon la mano en presencia del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton. En un discurso pronunciado en la ceremonia, Rabin pidió el final de la violencia.
La lucha por el control de Palestina, que se mitigó durante la II Guerra Mundial, se reanudó en 1945. Los horrores del Holocausto despertaron la simpatía mundial por los judíos europeos y por el sionismo, y, a pesar de que Gran Bretaña aún rechazaba admitir a los 100.000 judíos supervivientes en Palestina, muchas víctimas de los campos de concentración nazis consiguieron entrar ilegalmente. Varios planes para resolver el problema palestino fueron repudiados por ambas partes. Finalmente, los británicos declararon el mandato impracticable y traspasaron el problema a la recién creada Organización de las Naciones Unidas (ONU) en abril de 1947.
Judíos y palestinos se prepararon para un enfrentamiento.
Aunque los palestinos superaban a los judíos en número (aproximadamente 1.300.000 frente a 600.000 respectivamente), éstos últimos estaban mejor preparados. Tenían un gobierno semiautónomo, dirigido por David Ben Gurión, y su milicia, la Haganá (Fuerza de Defensa Judía), estaba bien entrenada y tenía experiencia. Los palestinos, por otra parte, nunca se habían recobrado de la fallida revuelta árabe, y la mayoría de sus dirigentes estaban en el exilio. El muftí de Jerusalén, su principal portavoz, se negó a aceptar el plan de la ONU elaborado en noviembre de 1947 y que establecía la división de la zona en dos estados, uno árabe y otro judío, mientras que los judíos lo aceptaron. En la lucha militar posterior, fueron derrotados los palestinos.
El Estado de Israel fue establecido el 14 de mayo de 1948. Cinco ejércitos árabes, que acudían en ayuda de los palestinos, atacaron Israel inmediatamente. Las fuerzas hebreas derrotaron a los contingentes militares árabes, e Israel amplió su territorio. Jordania, por su parte, se anexionó la orilla oeste del río Jordán y Egipto ocupó la franja de Gaza.
La guerra condujo al exilio a 780.000 palestinos, temerosos de las posibles represalias o expulsados ante la llegada de los inmigrantes judíos procedentes de Europa y del mundo árabe. Los palestinos se distribuyeron por los países vecinos, en especial Jordania, donde mantuvieron su identidad nacional y el deseo de regresar a su patria. En 1967, durante la guerra de los Seis Días librada entre Israel y los países árabes vecinos, Israel conquistó Cisjordania y la franja de Gaza, además de otras áreas.
En 1993, tras décadas de conflictos violentos entre palestinos e israelíes, los dirigentes de cada bando aceptaron la firma de un histórico acuerdo de paz. Yasir Arafat, dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y el primer ministro israelí Isaac Rabin se reunieron en los Estados Unidos el 13 de septiembre de 1993, para firmar el acuerdo de paz para la región. El plan contemplaba la autonomía de los territorios ocupados por Israel, que debía iniciarse en la franja de Gaza y Jericó. La administración palestina sobre parte de estas áreas comenzó en mayo de 1994. Las elecciones celebradas en los territorios autónomos palestinos reafirmaron la dirección de Yasir Arafat y de la OLP, pero las actitudes intransigentes de extremistas judíos (asesinato del primer ministro israelí Isaac Rabin en noviembre de 1995) y del grupo palestino Hamas (que ha llevado a cabo atentados terroristas indiscriminados en las principales ciudades de Israel) han puesto varias veces en peligro todo lo acordado en ese primer tratado de paz global y todos los que le siguieron.
En ese contexto de avance hacia la plena pacificación de la región, a finales de octubre de 1999 (con cinco años de retraso) los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania bajo control de la Autoridad Nacional Palestina quedaron unidos a través de una carretera de 44 kilómetros de longitud que atraviesa territorio israelí desde el puesto de Erez (al norte de la franja de Gaza) hasta la ciudad autónoma de Tarqumiyah (en Cisjordania). Su apertura supuso el fin de la incomunicación que habían sufrido durante años tres millones de palestinos de ambos sectores ocupados por Israel en 1967.














