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Groundation en Niceto, 8 de noviembre por Federico Stylo Reggae

Toda la onda, mucha conciencia

Los geniales californianos sacudieron Buenos Aires con un shock de reggae y locura en clave de congas, timbaletas y delirios guturales.

Groundation no suena para nada al reggae clásico jamaiquino… ¡Pero qué bien le queda! Las composiciones, los arreglos grupales, los lujos individuales, la pasión que demuestran y claro, la particular voz de Harrison Stafford logran una evidente amalgama musical y humana que no presenta fisuras y que los posiciona como una banda cuyo semblante no es ni por asomo el mismo que el de los demás grupos, ni demuestra querer serlo.
Faltan quince para las doce, se oyen chiflidos que provienen de todas las esquinas de Niceto, la espera es tensa, nada calma.
Luego de la apertura del telón y de su presentación por parte de Israel, el productor que los trajo a Argentina, los nueve músicos se muestran en el escenario donde los instrumentos los aguardan.
“What could have been” es el tema inicial. El reggae con ribetes latinos que vibra rabioso, sumado a las miles de lucecitas que pululan sobre las paredes y cabezas dan una atmósfera sideral. Más que música, un estado de ánimo…
Harrison se muestra enérgico, las dos coristas se contornean desprolijamente al ritmo de los tambores con bailes espasmódicos que lindan con lo murguero.
“Esto es Groundation, celebración de la música en vida”, arenga el líder de la banda, un hiperquinético hombrecito con anteojitos, barba larga y un pequeño turbante negro enrrollado en su cabeza.
El cantante despliega todo su caudal creativo y su capacidad de improvisación en “Weeping pirates”, una gema de su repertorio. Las frases semi rapeadas y rítmicas que salen de su garaganta son bastante similares a las que hace Andrés Ciro Martínez, el cantante de Los Piojos. La analogía con esta banda y con Santana de los setentas es ineludible para el oído argento.
Los ánimos bajan un poco, pero no la emoción en “Praising”, un reggae más lento y cadencioso donde Harrison emula a una cuica bajo la influencia del dub. El solo de bajo de Iron Newman, es también digono de elogios: buen gusto y groove.
El Principito de turbante, que apela la consciencia y la igualdad, en el escenario lejos de mostrarse inútilmente solemne se divierte y juega con su cuerpo y con el público sin que ello quite peso a su mensaje positivo. En el trance del canto, mueve sus manos inquietas y llega justito para hacer el chop de guitarra.
El show sigue con “Ratant crow”, “Upon the bridge” (ambos de su última producción Upon the bridge) y “One more day (Live it up)”.
Lo que sucede a continuación seguramente pasa sólo en Argentina, el público en estado total de frenesí corea el clásico futbolero: “¡¡¡Groundeeeiii-shooonnn!!!” y el percusionista comienza a acompañar con las congas e inmediatmente Harrison se engancha con su rapeo loco mientras la gente sigue con su cantito. Catártico.
Se suceden dos temas más, luego tocan una nueva canción inédita: “Run” y “We free again”, con un original solo de trombón, acompañado sólo por congas y batería.
“¿Quieren más?”, pregunta retóricamente el vocalista y sigue “Undivided”, muy festejado.
Cuando ya pasó más de una hora de show, se retiran del escenario y el público hace sentir aún con más ímpetu el cariño que siente por esta banda.
A fuerza de suplicas en forma de gritos, cantos y chiflidos, la banda de la costa oeste de Estados Unidos vuelve para hacer un nyabinghi potente cantado por una de las coristas.
Como cierre interpretan “Freedom taking over” y si quedaba alguna duda de la calidad de la banda y del cariño recíproco que tiene con el público argentino, quedó disipada.
Groundation es realmente un grupo diferente que, si bien respeta y rescata a sus mayores, es totalmente osado e irreverente en la forma en que siente y expresa su reggae. Maneja su propio pulso.
La banda no suena como los jamaiquinos… Y eso es justamente lo que los hace fantásticos.

Por Federico Abella (Revista Stylo Reggae)