La Controversia del “Fyah Burn”

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Por Martin Cueto

Sobre los Usos del Fuego en una Cultura de Amor y Rebelión

Comentario de Gregory Stephens
(Traducción: F. García / A. Serrano)
Agradecimiento: Rudy King

Fire is for the purification Capleton, “More Fire”

No water can put out this fire Bob Marley, “Ride Natty Ride”
God gave Noah the rainbow sign: No more water, the fire next time. Canción popular afroamericana
The roof, the roof, the roof is on fire, We don’t want no water, let the m….f…. burn! Canto tradicional de los artistas de R&B

Parece ser que se ha llegado a esto: Fiya Bun (prender fuego) es una realidad. Algunos jóvenes de una generación criada en la moda del Fire Burn del dancehall han cruzado la línea entre la retórica y la realidad. Unos cuantos fanáticos han empezado a quemar iglesias y a apalear monjas. Pirómanos verbales están lanzando discos superventas proclamando la ejecución de todos los homosexuales. Bun Dem! (¡quemadlos!) Y gente de todas partes se ha empezado a preguntar: ¿Dónde acaba todo esto? DJ RJ y yo hemos grabado un especial sobre la controversia del Fire Burn titulado Love and Rebellion: Fiya Fi Purification (Amor y Rebelión: El Fuego para la Purificación). Es un complemento audible para este ensayo. Los lectores pueden escuchar la grabación en la excelente página web de Daniel Frankston, http://www.ireggae.com/djrj&mc.htm. Además de una amplia selección de canciones sobre el Fire Burn, desde el roots de los 70 hasta el dancehall del siglo XXI, la sesión incluye cortes de muchos artistas jamaicanos en los que hablan sobre los usos del fuego para la destrucción y para la purificación. La “gran controversia” sobre las letras del Fire Burn ha ido creciendo a lo largo de muchos años. En el verano del 2000 había alcanzado unas proporciones críticas, tal como se puede ver en un comentario sobre las coincidencias entre este y otros ardientes “signos de los tiempos”, en la página web RootzReggae (hoy en día inactiva, n.d.t). Pero a comienzos del 2001, inicio “oficial” del nuevo milenio, la polémica se extendió rápidamente, demostrando que se había encendido una mecha que estaba ardiendo mucho más allá de los dancehall jamaicanos. Sólo unas horas antes de que DJ RJ y yo emitiéramos por primera vez nuestro especial del Fire Burn en Austin (Texas) el 2 de enero de 2001, un joven Rasta de veinte años de edad llamado Kim John y al menos otro cómplice comenzaron el nuevo año entrando en una catedral en la isla caribeña de Santa Lucía y poniendo en práctica la filosofía del Fire Burn. Según una información publicada por Mark Fineman en Los Angeles Times: Vestidos con amplias túnicas y armados de palos, antorchas encendidas y latas de gasolina, los agresores avanzaron por el pasillo, rociando y prendiendo fuego de forma aleatoria a una docena de fieles. Uno de los atacantes prendió fuego al sacerdote y al altar. Otro apaleó hasta la muerte a la hermana Theresa Egan, una monja irlandesa que llevaba cuarenta y dos años trabajando en la isla, porque “vio al demonio” en sus ojos azules. Según investigadores de la policía, John tuvo una visión en la que Haile Selassie le consagró como “el elegido” y le ordenó que liberara a su pueblo del Sistema Babilónico. Y la Iglesia Católica –de la cual son miembros el 80% de los habitantes de la isla de Santa Lucía– es, por supuesto, uno de los principales símbolos de Babilonia para muchos Rastas, especialmente para los Boboshantis, quienes han estado proclamando el fuego sobre el Papa y el Vaticano con creciente ferocidad en los últimos años. Algunas personas quitaron importancia a este incidente por no ser representativo de los “auténticos” Rastas. Otras se cuestionaron, junto con el Primer Ministro de Santa Lucía, Kenny Anthony: Si la Iglesia es la primera víctima, ¿quién será la próxima?.

luciano, Sizzla y baaba maal en senegal

 

La obsesión del yardy por el battyman

Los battyman serían una buena apuesta. Los battyman; es decir, homosexuales, han sido el punto focal de más fuego ardiente que ningún otro grupo o institución. Últimamente esta tendencia se ha puesto fea. Una de las canciones del especial Amor y Rebelión era Damn, de Beenie Man, cuyas primeras palabras son: I’m dreaming of a new Jamaica, come to execute all the gays (sueño con una nueva Jamaica, vamos a ejecutar a todos los gays). Hay muchos DJ´s y oyentes que comparten esta homofobia violenta, por supuesto. Otros sólo están interesados por las vibraciones de la música, el sonido, y no se cuestionan el mensaje. E incluso otros optan por mirar a otro lado, aunque no estén de acuerdo. Sobre todo los extranjeros (como los jamaicanos llaman a todo aquello que está fuera de su isla), quienes en gran parte solo quieren demostrar que no tienen nada que ver con el asunto. Criticar la música de quema de battyman podría interpretarse como prueba de haberse vuelto blando, de haber sido corrompido por Babilonia. En Jamaica, parece prácticamente imposible criticar este tipo de letras desde dentro de la cultura, sin enfrentarse a acusaciones de estar desconectado de la realidad (como los intelectuales, etc…), o ser gay. El propio Beenie Man pasó por esto hace unos pocos años. Pedir la ejecución de los gays tal vez sea la forma en que Beenie Man, el camaleón, busca recuperar credibilidad, después de haber lanzado algunos temas (como Better Learn) que parecen críticos con el pensamiento “quema al marica”. Sin embargo, la cultura está cambiando, en parte porque el centro neurálgico del dancehall reggae ya no puede localizarse claramente en Jamaica. Jamaica se ha extendido hacia comunidades externas como Miami, Toronto, Londres y Nueva York. Y los no-jamaicanos, sobre todo los europeos y los norteamericanos, juegan un papel cada vez más importante en la producción, promoción, distribución y consumo de la música. El público está cambiando, y hay una evolución en la conciencia de la gente dentro de la cultura. Por ejemplo, mi hermano DJ RJ, ha compartido durante años en Texas esa homofobia tan extendida ahora por el centro de Estados Unidos. Pero los valores espirituales y la filosofía de igualdad de derechos del pensamiento rasta-reggae han ejercido un poder transformador en su vida, llevándole a explorar otras filosofías espirituales y políticas. Así que cuando hicimos el especial Amor y Rebelión, RJ pensó que era el momento adecuado para darle su merecido a Beenie Man. A mí no me suena a amor y rectitud, dijo RJ sobre la moda de quemar battyman. El “asesinato lírico” de los battyman no es nada nuevo en la cultura jamaicana, por supuesto. Buju Banton causó una tempestad a nivel internacional en 1992 con su éxito Boom Bye Bye (en la cabeza de un battyboy). Podéis haceros una idea de lo profundamente arraigado que está el prejucio anti-gay en la cultura jamaicana, al ver la película de Isaac Julien A Darker Shade of Black, rodada justo después del clamor extranjero contra Buju. Creo que lo que más ha cambiado es una creciente conciencia entre los promotores de reggae veteranos de que ésta es también nuestra cultura. Si es una cultura en la que vivimos, aunque sea a tiempo parcial, entonces tenemos el deber de pensar de forma crítica sobre el tipo de mensajes que transmitimos a nuestro público; a la próxima generación. Llega un momento en el que la intolerancia se hace intolerable. ¿Podemos tolerar a los intolerantes? Tal vez, pero cada vez más muchos de nosotros nos sentimos también autorizados a resistir la intolerancia, pero no condenándola, sino señalando alternativas más atractivas. Esto significa que no podemos meter la cabeza bajo la arena. Debemos estar atentos a los brotes de intolerancia dentro de la cultura que amamos, la cual se ha convertido en un hogar para muchos de nosotros. Hay una enorme separación entre el público principal del dancehall, los yards o yardies (como los jamaicanos llaman a los habitantes de su isla) y el público internacional del reggae, que está dominado todavía por fans del estilo asociado al término roots and culture. El público básico (del dancehall) son aquellos a los que los extranjeros llamarían homófobos, y a menudo militantes, con orgullo. He charlado con artistas jamaicanos que se han dado cuenta de que no pueden expresar estos sentimientos en sus giras por Europa o Estados Unidos. Pero esto no cambia su manera de pensar o, más exactamente, la manera en que en Jamaica tocan para la demanda de canciones de quema-battyman. Un violento virus anti-gay infecta Jamaica, una enfermedad demasiado apreciada para que pueda ser fácilmente erradicada, escribe Stephen Foehr en su nuevo libro, Jamaican Warriors (Guerreros Jamaicanos). Verdaderamente, una enfermedad muy apreciada. Sospecho que cuanto más intenten las élites en Jamaica o los aficionados extranjeros aplastar el odio tóxico del rootsman al battyman, más aumentarán los yardies su guerra retórica contra el mismo. Sobre todo, porque saben que existe un público hecho a medida para este mensaje. Un caso a propósito: en marzo de 2001, un canción quema-battyman del cuarteto TOK, Chi Chi Man, alcanzó el número uno en numerosas listas de dancehall en Kingston, Miami y Nueva York. Como Damn, de Beenie Man, es un éxito que no solo es intolerante con los gays, sino que propugna su erradicación. La canción ha sido enormemente popular, e incluso ha sido utilizada en Jamaica en una reciente campaña política. Pero uno no puede culpar únicamente a los yardies de este fenómeno: TOK ha estado de gira por los Estados Unidos, y algunos de sus auditorios más entusiastas han sido en lugares como Nueva York y Miami, donde los puntos en común entre el hip-hop y el dancehall, en cuestiones de estilo musical, ostentación indumentaria, y visión del mundo (incluido el desprecio hacia los gays), son cada vez más evidentes. Muchos artistas y consumidores de dancehall y rap comparten una tendencia a darse aires de críticos revolucionarios del mainstream (la corriente principal, tendencia o gustos predominantes), aun cuando naden en los excesos materialistas que imperan dentro del mismo. Y uno encuentra por ambas partes, tanto a artistas como a aficionados, que están enamorados del gangsterismo, la propuesta bad boy, el estilo de vida del rude boy, tal y como se conocía en la juventud de Bob Marley. La línea que separa el gangsterismo retórico y el de la vida real es difícil de trazar. Incluso artistas que niegan que sus letras tengan alguna influencia, admitirán sin problemas que es muy beneficioso, tanto en términos de credibilidad artística como a menudo en términos de ventas, el hecho de tener un historial de gangsterismo en la vida real. Así, Tupac Shakur se ha convertido de forma póstuma en una especie de combinación de revolucionario y mesías negro, habiendo alcanzado una muy lucrativa condición de icono gracias a su muerte violenta, vaticinada e incitada por su ensalzamiento de la vida gangsteril. Hay una dinámica similar que opera en el dancehall jamaicano, con un contexto social que proporciona una aceptación emocional generalizada de los delirios Fire Burn de los artistas. Ha habido noticias sobre iglesias quemadas en Jamaica y jóvenes prendiéndose fuego a la ropa en conciertos. Según cuenta una madre, se despertó y encontró su casa en llamas, y a su hija cantando la letra de More Fire, de Capleton. La preocupación general por la influencia de los incendiarios del dancehall ha alcanzado tal nivel que P.J. Patterson, el primer Primer Ministro negro de Jamaica, ha criticado públicamente la manía del Fire Burn, e incluso se ha entrevistado con Capleton para alentarle (sin éxito) a suavizar su rutina Fiya Bun.

 

 

 

Sizzla

 

 

¿Tú también, Garnett? What Goes Around Comes Around…

A principios de 2001 Greensleeves sacó un single 12” de una grabación del difunto Garnett Silk, What Do You Say?. La letra produjo ondas de choque en distintos lugares de la comunidad reggae internacional, todavía conmocionada por las noticias del asesinato de Santa Lucía y otras de ataques Fiya Bun. El estribillo de la canción de Garnett, repetido una y otra vez, era: You don’t love Haile Selassie? / Fire gonna burn You and Your Family (¿No amas a Haile Selassie? / El fuego te quemará a ti y a tu familia).La letra causó gran alboroto entre algunos fans norteamericanos, lo que me pareció realmente desproporcionado a la luz de la letra, que es bastante inofensiva, teniendo en cuenta los estándares jamaicanos. Hablé sobre esto con mi hermano Scottie McDonald, que presenta un programa de reggae en la KTRU de Houston. Parecía sentirse traicionado, como si esta canción hubiese destruido o empañado todas los otros trabajos de Garnett. Mi buzón zumbaba con mensajes parecidos de otras personas dentro de la comunidad electrónica de reggae. La reacción a la utilización por parte de Garnett de letras de Fire Burn se vio impulsada por el contraste que suponían con respecto a su reputación internacional, que es la de Profeta Rasta. Para los aficionados al roots, hay a menudo un implícito anhelo mesiánico en los sentimientos que expresan sobre un artista como Garnett. Al igual que Tupac, Garnett se convirtió en un icono por morir joven. El guión, el mito social, dice que los profetas y los revolucionarios mueren jóvenes, y morir joven se convierte en la prueba de esa misma condición profética o revolucionaria. Pero mientras que Tupac explotó su reputación de “gangster” en vida a fin de ganarse una póstuma reputación como revolucionario (contra el sistema de supremacía blanca y/o capitalismo, según se reivindica, de forma explícita o implícita), Garnett llevó en vida el manto de profeta espiritual. Lo cual, al morir, se vio aumentado con matices mesiánicos. Qué impresión, pues, para algunos de los verdaderos creyentes, cuando últimamente ha empezado a surgir una completa imagen de Garnett Silk como artista dancehall. En una reseña sobre “Garnett Silk Meets the Conquering Lion”, pude contrastar la exageración de las notas interiores, con Garnett siendo aclamado como el Nuevo Mesías del Reggae, y las letras de dichos dubplates, muchos de los cuales eran sound boy murders (asesinatos de sound boy), con Garnett matando líricamente a sounds rivales. Esto se podría “perdonar”, ya que estos dubplates fueron grabados cuando Garnett era un joven artista, emergiendo de los dancehalls. En cambio, se supone que What Do You Say? fue una de las últimas canciones que grabó Garnett. Para aquellos que le ven como a un profeta de la paz y la justicia, parece que va en contra de todo lo que él representaba. Luego está la extraña ironía de esta letra, que suena casi como una maldición que se volvió en su contra: Garnett y su madre murieron en un incendio doméstico. Me resisto a sacar la evidente moraleja que tiene la historia, pero parece que pide ser dicha: Si vives por el fuego, morirás por el fuego. Fire gonna burn you and your family.Pero creo que hay aquí otra moraleja. Hasta el punto de que incluso un “profeta” como Garnett Silk estuviese arraigado en la mentalidad Fire Burn del dancehall, debería ser un reclamo para los aficionados internacionales de reggae. Demasiados se han cerrado a una versión básicamente “para exportar” del reggae, y han perdido de vista la cultura de la que esta música proviene. Afortunadamente, el interés por el dancehall y la cultura jamaicana se ha ido extendiendo. En los últimos dos años se han publicado muchos libros sobre esta materia. Uno de los mejores es Wake the Town and Tell the People (Despierta a la Ciudad y Díselo a la Gente), de Norman Stolzoff. El libro de Stolzoff es un estudio persuasivo y fundamentado históricamente sobre la Cultura del Dancehall en Jamaica. Podría ayudar a los fans del reggae (y a los críticos) a entender las razones, y el uso retórico, de fenómenos como el Fiya Bun y el Sound Boy Killing. Creo que un conocimiento más profundo de esta cultura nos permitiría apreciar mejor la evolución de un artista como Garnett Silk, y el camino que recorrió para crear canciones visionarias como The Rod. No obstante, no quiero quitar importancia al espíritu de intolerancia que se ha instalado. Jóvenes vándalos han estado quemando sin distinción: quemando a Jesús y la Biblia, aun cuando Selassie I era un devoto cristiano (escuchad sobre esto Dem a Bawl, de Morgan Heritage); según Jabulani Tafari, quemando a Marcus Garvey e incluso quemando a aquellos que queman, como Capleton. No es este un problema reducido al dancehall, sino que forma parte de una tendencia mucho más amplia, que Deborah Tannen ha denominado Cultura Argumental. Intentar destruir a aquellos con quienes no estamos de acuerdo o que son sencillamente diferentes, se ha convertido en una forma de vida. Es una parte del sistema babilónico que se puede ver en la tele, en la calle, cada día de la semana: guerras tribales, nosotros contra ellos… repetida una y otra vez en un ciclo constante de violencia lírica y literal. Es un fenómeno que nos desafía no solo a condenarlo, sino a crear alternativas mejores. En este contexto, veo algo positivo que surge de la controversia del Fire Burn: un nuevo sentido de comunidad está emergiendo de entre aquellos que producen, promocionan y consumen dancehall y reggae. La gente en la comunidad ha realizado la búsqueda interior necesaria dentro de la cultura, y su lugar dentro de la misma. Creo que emerge la conciencia de que esta música promueve el debate de importantes aspectos que van más allá de la música. Por ello, la crítica de la mentalidad Fire Burn, si se hace con conciencia, debería convertirse también en autocrítica y crítica del mundo en que vivimos. En un correo electrónico al hermano DJ RJ, Marlon Regis, autor del artículo Musical Murder para The Beat, escribo: la sociedad no es el reflejo de la música, sino al contrario. Los ritmos pueden ser mordaces y su torrente incluso rítmico, pero el mensaje está de hecho estancado, por no decir que es digresivo… El reflejo de que la sociedad necesita cambiar. O como canta Cocoa Tea en el tema Blood a Run, una crítica musical sobre las consecuencias sociales de una mentalidad Fire Burn no revisada: We need a change in attitude (necesitamos un cambio de actitud).

 

Las raíces del Fire Burn: no hay agua que pueda apagar este fuego

Una de las bellezas de participar en lo que se conoce como bass culture a lo largo del tiempo, es el contexto histórico que proporciona, el sentido de continuidad con una tradición y una comunidad de valores muy arraigados y raíces muy profundas. El dancehall es una especie de turba que mezcla la moda y la conciencia, puesto que también recicla ritmos y letras del pasado constantemente. Si rascas un poco, destapas una perspectiva histórica bajo las formas del presente. El año pasado, estuve preguntando entre mis amigos del roots-and-culture si creían que había un lugar para el fuego en Zion. Casi forzosamente contestaban que no. Ellos perciben la esencia del mensaje Rasta Reggae como de amor y honradez. Sin embargo, la noción Fire Burn ha ocupado siempre un lugar central en la imaginación de los artistas del reggae. El fuego iluminó la visión de aquellos que en sus canciones hablaron de un Zion hacia el que caminamos, un mundo mejor hacia el que todos nos movemos desde Babilonia. Pero si el fuego no tiene cabida allí, ¿nos estamos atreviendo a dejar a Bob Marley a las puestas de Zion?.Se me ocurren muchas barbaridades, muchos ejemplos de violencia lírica y Fire Burn que llenan sus canciones. En Talkin Blues auguraba: I feel like bombing a church, now that I know the preacher is lying (me apetece volar una iglesia, ahora que sé que el predicador miente). El primer álbum de los Wailers en Island se tituló “Catch a Fire”, tomado de la canción Slave Driver, donde el sentido de venganza fanática es evidente: Slave driver, the tables are turning, catch a fire, you’re gonna get burned (esclavista, las tablas están cambiando, te pilla el fuego, te vas a quemar). “Burnin”, el Segundo álbum de los Wailers incluía el tema Burning and Looting. Marley era un maestro componiendo letras que hablaban con distintas lecturas y combinaban nociones de revolución física y evolución espiritual. Su propia interpretación de esta canción, que los jóvenes cantaban, mientras saqueaban almacenes, durante los famosos disturbios en Los Ángeles de hace unos años, era la siguiente: no se trata de quemar la ciudad literalmente, sino quemar ciertas ilusiones en nuestra mente para llegar a vivir en armonía. Marley entendió perfectamente que había usos destructivos y constructivos del fuego. Aunque él previno contra la destrucción, animó a la reconstrucción. Ese ideal reconstructivo se muestra claro en la nueva versión de Burning and Looting del “Chant Down Babylon” cuando sobre el sonido de las sirenas Bob entona Stop Them (paradles) y it´s not the music of the guetto” (no es la música del guetto). Es decir, que los usos destructivos del fuego no debería ser la música que sale del guetto. Tenemos que evitar que se destruyan a sí mimos. Los pensamientos de Marley acerca del fuego adoptaron muy diversas formas, pero quizás es en Ride Natty Ride donde queda reflejado de manera más memorable. En ella, Marley establece una parábola entre un líder tratando de dar un discurso en una playa y un Dread que le corta diciendo: Fire is burning, man pull your own weight (algo así como el fuego está ardiendo, hombre arrastra tu propio peso). Él se hizo eco claramente de una visión del fuego como una fuente de valor incalculable: there is something they can never take away, / and that’s the fire burning down everything… / No water can put out this fire. (hay algo que nunca podrán llevarse, y es el fuego quemándolo todo… no hay agua que pueda apagar ese fuego). La concepción que Marley tenía del fuego, combina aquí un fuego revolucionario, que quemará un mundo corrupto, con otro fuego, un fuego interno, la pasión por la justicia -lo que es justo-, el fuego de una visión espiritual que ilumina nuestro camino. Esta es una visión bíblica del fuego. Se ha ido perpetuando gracias a muchos artistas que usan a Marley como referencia para retratar el fuego como fuente espiritual y como fuerza potencial que hará posible esa reconstrucción. De hecho, el verso de Marley, no water can put out this fire, es repetido por Jah Mali en su tema No Water y por Morgan Heritage en Don’t Haffi Dread. Pero hay veces en que lo viejo ha de ser destruido para dar paso a lo nuevo. Este es el enfoque que Marcia Griffiths da en su versión del Fire Burning de Bob Andy y del tema Fire (Is The Desire) de Justin Hinds & The Dominoes. El fuego del progreso, del incontrolado desarrollo humano y la codicia, ardiendo fuera de control. La gente ansía el cambio. El tiempo para los Dreads ha llegado y cuando la rueda gire, los ricos querrán estar en el lugar de los pobres.Capleton ha sido rotundamente criticado por sus letras Fire Burn. Pero su defensa de la importancia del fuego es persuasiva. Capleton insiste en que él no anima a nadie a prender fuego a su ropa o a quemar una iglesia. Él enfatiza, como Marley, que no se trata de un fuego literal, sino espiritual. El fuego habla de liviandad. El fuego es una fuente de purificación, repite constantemente. El agua acaba con él, pero aún el fuego ha de quemar el agua para purificarla. La hierba es el remedio para la nación, pero aún debe el fuego quemar la hierba para que la hierba pueda curar. Es la principal fuente de vida universal. Hace que todo se mueva y no hay vida si no hay fuego. Como muchos artistas Rastas, Capleton hace referencia al ejemplo bíblico de Shadrach, Mesach y Abednego, que en un pasaje de la Biblia caminan a través del fuego sin quemarse. En ese sentido, el fuego es un frente que prueba nuestra fe. Si nuestra fe es lo suficientemente fuerte, entonces no solo sobreviviremos a los momentos de crisis, sino que emergeremos fortalecidos. Quizás ésta sería la mejor manera de conformarse con otro aspecto problemático que la controversia Fire Burn conlleva, que es la filosofía de supremacía negra de los Bobos y del deseo de algunos artistas de quemar a los blancos que son vistos como el enemigo a expulsar, junto con los battyman (homosexuales) y el Vaticano.

 

 

Esta es también mi Cultura: Europeos en la casa.

Una de las principales fuentes de energía creativa durante el Renacimiento Rasta de mediados de los noventa, fue el surgimiento de un grupo de artistas Fire-Boboshanti como Sizzla, Anthony B y Capleton (The Bobo Dread, por Barry Chevannes). Si las principales voces de principios de los noventa, artistas como Garnett Silk y Luciano, hablaban de conscious reggae y trabajaban desde el mensaje del One Love, los Bobos transmitieron una energía muy diferente. En contraste con el énfasis de unidad y de crecimiento espiritual de 12 Tribu, los Bobos abogaron por una filosofía de supremacía negra. Parecían mucho más interesados en condenar a los enemigos que en unificar a los aliados. Sizzla se ganó rápidamente la reputación de joven enfadado de los Bobo Dreads. Su pasión y su innegable talento encendían a muchos de los jóvenes de su público internacional, cuyo ánimo se encontraba a menudo más cercano al enfado de Sizzla que a la unidad de Luciano. Pero el afro-centrismo de Sizzla llevaba consigo una sombra, un lado oscuro: los blancos. En el Sumfest de 1998, de acuerdo con un artículo publicado en el Reagge Nucleus Magazine por RudeGal, Sizzla se desbocó después de cantar Near & Far y dijo a los asistentes: ¿Veis toda la gente blanca en Jamaica? No son de allí. ¡Fuera! ¡Quemad a los blancos en Jamaica!, ¡Quemad a toda la gente del backstage, quemad a todos los que están fuera!, ¡Quemadlos!, ¡Quemadlos!… El incidente provocó intensas discusiones en el grupo de noticias en internet (rec.music.reggae) durante meses. Algunos Djs dijeron que no pincharían a Sizzla nunca más y muchos, de hecho, aún no le han perdonado. Sin embargo, pensándolo bien, esta actitud no parece haber perjudicado su imagen pública demasiado. Una periodista le preguntó cómo pensaba que los europeos responderían a este incendiario afro-centrismo: No tengáis miedo del fuego, respondió. Recuerdo mi segunda visita a Jamaica en 1988, cuando fui con mi novia, una afro-americana con trenzas. Experimentamos cierta hostilidad por parte de la gente en Montego Bay. Entre las frases que me dijeron estaba la de: vete a casa chico blanco, no tienes cultura. Compré Death Before Dishonour, de Dennis Brown, que expresaba el mismo sentimiento: Go away and stay away, you ain’t got no culture; go away and stay away, you’re acting like vulture. (Vete y quédate lejos, no tienes cultura, vete y quédate lejos, te comportas como un buitre). Nuestro anfitrión era un Rasta que criaba cerdos en una granja escarbada en unas colinas rocosas con su mujer australiana. Nos llevó al aeropuerto y me preguntó qué tal lo había pasado en Jamaica. Le hable de la hostilidad racial que había encontrado. Me dio un consejo que no he olvidado: Jux relax, mon!. Eso era. No te preocupes, sólo déjalo estar y todo irá bien. Así que no puedo pensar en el consejo de Sizzla sin reírme, recordando a mi anfitrión jamaicano. Hay ciertamente una doble moral en Jamaica, como en los clubes de comedia negros, donde es corriente para los cómicos negros insultar racialmente a los invitados blancos de un modo impensable si invirtiéramos los papeles. Esta ha sido también una ocasión para auto-reflexión y la auto-crítica entre el público del reggae. Recuerdo de qué manera la declaración de Mutabaruka: No es bueno vivir en el país de los blancos demasiado tiempo sonaba cierta para mí, aún teniendo en cuenta que soy irlandés. Esa frase, trayéndome el eco de Marcus Garvey, cobró sentido para mí. Yo tampoco he querido nunca vivir en una cultura euro-centrista. Por tanto, como participante desde siempre en lo que considero bass culture, me voy encontrando paulatinamente más incómodo con ciertas formas de racismo. ¿Cuál sería nuestra reacción si un artista europeo dijese “quememos a los negros”? ¿Podría ese artista seguir girando y decir “no temáis al fuego” con actitud seria?.Puse el tema de Sizzla Get We Out del “Reggae 1LUV doble CD Liberate Yourself: Sizzla and Breden” para DJ RJ. Las primeras palabras son: All white subjects out of Ethiopia (todos los sujetos blancos fuera de Etiopía). No puedo usarlo dijo, aunque le encantaba el ritmo. Si comienzas censurando a Sizzla no vas a dejar mucho, le dije yo. Personamente, me siento cómodo con algunas expresiones de orgullo negro, pero cuando Sizzla comienza obsesivamente a dirigirse a los negros una y otra vez, empiezo a desconectar. Es por eso que dejé de escuchar hip hop en los 90. Demasiados artistas como X-Clan estaban endemoniándonos con su muerte al chico opresor. Apoyo a artistas que se dirigen a la comunidad en la que vivo, que es una comunidad multi-étnica. Sizzla no se dirige a las gentes de una comunidad como esta, aunque Junior Reid, otro Bobo, articuló lo que nos condujo a muchos de nosotros al Rasta reggae con su himno One Blood. En el pensamiento Rasta Reggae, ha habido siempre cuestiones duales: expresiones de unidad racial por un lado y a su vez, esa parte de la cultura obsesionada con la oposición al hombre blanco. DJRJ y yo hicimos otro especial acerca de este fenómeno en la ola de la controversia de Sizzla quema al hombre blanco. Se llama “White Boy a follower? From Black Supremacy to “One Love” in Rasta reggae”. Usamos muchos samples en este especial para ilustrar la dualidad de muchos temas, desde Bobos discutiendo el concepto de la supremacía negra en el show de Muta a Prophet Gad, fundador de 12 Tribu, citando pasajes que incluían la idea de One Blood para rebatir cualquier noción de separatismo racial. La Rasta es una cultura que ha evolucionado mucho, desde el muerte de los opresores blancos de sus días más tempranos, hasta el slogan muerte al opresor negro y al blanco, repetido frecuentemente por diferentes artistas, desde Bob Marley hasta Capleton. Esto refuerza la idea de que la opresión es una fuerza que trasciende la raza. Creo que como el reggae y el dancehall se están volviendo cada vez más transnacionales, el público internacional en particular tendrá que luchar con la pregunta: ¿cuál es nuestro papel en la cultura? Parece ser una cuestión particularmente molesta para Europeos y Euro-Americanos, mientras haya artistas como Sizzla y grupos como los Bobos que parecen definir a sus enemigos y a sus aliados en términos raciales.Ha llegado el momento idóneo para los Europeos de reclamar un lugar en esa cultura. En mi libro, “On Racial Frontiers”, he argumentado con parámetros históricos, incluyendo la evolución Rasta como parte de la historia de los movimientos internacionales multirraciales y de libertad en los que la idea de “liberación negra” y “redención multirracial” (one love) co-existen. Para los europeos, continuar actuando como forasteros de la cultura (o aceptar esa definición) meramente rezando por la “cultura del hombre negro”, parece ser aún otra forma de esclavitud mental. Cuando desarrollemos la sabiduría suficiente para reclamar que esta es también nuestra cultura, esto traerá una serie de nuevas responsabilidades. Lo cual significa en mi opinión , que si vamos a ser parte de los fans de Sizzla, necesitamos encontrar el modo de que Sizzla afronte el diálogo sobre estas actitudes hacia la gente que le permite ganar la mayor parte de sus royalties. Así que pensemos de nuevo en esa historia bíblica. El público europeo de Sizzla no necesita verdaderamente tener miedo del fuego, puesto que si buscan las raíces de la lucha histórica por la igualdad de derechos y la justicia, encontrarán que siempre ha habido detrás un movimiento multi-étnico internacional. Así que, ¿no debemos empezar a esperar que artistas como Sizzla sean conscientes de nuestra presencia en esta visión artística?.
De vuelta a 1929, durante el aniversario de la emancipación del Caribe angloparlante, Marcus Garvey dijo: necesitamos crear una segunda emancipación: una emancipación de nuestras mentes. Hay salto pequeño desde aquello hasta la frase de Marley: emancipate yourselves from mental slavery, non but ourselves can free our minds (emancipaos de la esclavitud mental: nadie, excepto nosotros mismos puede liberar nuestras mentes). Pero es a su vez una gran evolución de la conciencia. Una de las principales formas de esclavitud mental contra la cual Marley luchó, era la noción de racismo en sí misma. Marley fue Garveyista, y ni siquiera se llamaba a sí mismo hombre, sino Rasta. Repetía que los europeos y asiáticos también podían ser Rastas, si ponían en práctica las enseñanzas de Selassie, en concreto la visión de un mundo de derechos iguales garantizados para todos, sin tener en cuenta la raza. Es una evolución histórica comparable a la del cristianismo, que pasó de ser una religión tribal judía, a ser una comunidad que no era ni judía ni pagana, ni mujer ni hombre, ni esclava ni libre. De ese modo, Rasta ya no es sólo la cultura del hombre negro como el cristianismo no es una religión judía. Pero ha sido una revolución incompleta. El problema de la libertad es que las cadenas de la mente son a menudo incluso más fuertes que las del cuerpo, escribió Carolyn Cooper. Y la esclavitud mental que conlleva la oposición y odio a aquellos que no son o piensan como nosotros se ha convertido en una forma de esclavitud mucho más duradera que la esclavitud física. La controversia del Fire Burn ha llegado en el momento adecuado. Es el momento adecuado para aquellos de nosotros que amamos esta música y esta cultura de empezar a redefinir quiénes somos. La juventud ha llegado a tener mucho más claro aquello a lo que se opone y lo que quieren defender. Todos necesitamos desempeñar un papel, como dice mi hermano Norman Bonner, crear una atmósfera en la que productores y artistas en general crearan, y los DJs pincharan, canciones que celebrasen la diversidad y el entendimiento, y condenasen el fanatismo, la intolerancia y los prejuicios mortales. En cuanto a la mentalidad Fire Burn de los blancos, recuerdo otro sabio consejo. Era esta vez de Angela Davis, a quién una vez escuché realizar una crítica constructiva a una conferencia en la cual, ponente tras ponente, menospreciaban obsesivamente a los blancos. Una coalición multi-étnica práctica es aquella que ni se centra en los blancos ni les excluye. Aquellos que dicen estar creando alternativas a la historia eurocentrista, no pueden hacerlo si siguen centrándose en los europeos, y especialmente si lo hacen a través de la mera oposición. Hay dos formas de subordinación, escribió el historiador David Hackett Fischer, la imitación esclavista y la refutación obsesiva. Cualquiera de los extremos es una forma de esclavitud mental. Y seguramente ese obsesivo quemar a los enemigos, llamados battyman, Vaticano u hombre blanco, es una forma de subordinación. De nuevo, creo que la comunidad entera necesita llegar junta al razonamiento para obtener una definición más clara de que es en realidad a lo que nos oponemos y que es lo que esperamos crear como alternativa. Si sólo conocemos aquello a lo que nos oponemos, entonces nos quedaremos entre las cenizas. Lo que es el juego final del Fire Burn, como una vez se lo oí cantar a una mujer negra en San Diego sobre la melodía del Oh How I Love Jesus: Oh how I love fire, Oh how I love fire, Oh how I love fire cause everything turns black when it burns. (Oh, como me gusta el fuego (bis), porque todo se vuelve negro cuando arde).

 

 

 

Quemar Babilonia sin remordimientos

He escrito este ensayo en primer lugar con el público roots no-jamaicano en mi mente, particularmente muchos de aquellos que vivimos en las zonas más privilegiadas. Creo que es difícil perder de vista el por qué tantos jóvenes están enfadados. Y pienso que en estos momentos de crisis debemos recordar la necesidad del enfado, de la rebelión. Norman Stolzoff escribe: roots reggae se ha convertido en algo ortodoxo para esos fans principalmente blancos y eso les cegó ante el resto de la cultura musical. La cultura más grande de la que habla es el raggamufin que permanece vivo en nuestros días. Los jóvenes en el Caribe, como cualquier joven urbano de cualquier lugar, afrontan el paro generalizado. Muchos viven en guettos donde la muerte por violencia es un lugar común. Van a escuelas, si es que van, que les transmiten enseñanzas caducas. Los líderes no se dirigen a ellos y son corruptos en su mayor parte. Esos jóvenes sienten desprecio por las instituciones de cualquier tipo, las cuales parecen todas ellas invertidas en el status quo. Es lo mismo de siempre: el sistema babilónico es el vampiro que chupa la sangre de los que sufren. Jack Jonson Hill describió Babilonia en su libro I Shight: The world of Rastafari, como una sociedad opulenta y artificial de individuos absortos en sí mismos que adoran ídolos y llevan estilos de vida decadentes a expensas de los pobres. Y yo pregunto a mis lectores: ¿esto hace sonar alguna campana? ¿no es una buena descripción de la carrera de ratas que muchos llevamos por vida?.Así que cuando escucho a Prince Malachi cantar: Burn down Babylon with no regrets, yo digo que no queremos agua, dejemos que el sistema babilónico arda. La juventud de hoy mira al mundo que ha heredado y aparentemente está de acuerdo con el peor de los augurios de Marley: It seems like total destruction is the only solution (parece que la destrucción total es la única solución). Pienso que deberíamos ponernos de acuerdo en la necesidad de quemar, al menos metafóricamente, un estilo de vida injusto, insostenible, que solo sirve a los intereses de los ricos y que está destruyendo el planeta. Nuestros tan llamados líderes lo niegan o no les importa, en su búsqueda de una recompensa económica y política. No podemos ni siquiera dialogar con los jóvenes si no somos capaces de afirmar que hay muchas cosas que deberían cabrearnos, al menos a aquellos que queremos una mejora. Quizás desde este punto de partida, podemos empezar a hablar de cómo aprender a canalizar ese enfado hacia direcciones más constructivas. Quizás entonces los pirómanos verbales llegarán a la verdad que ya una vez Gandhi anunció: ojo por ojo y el mundo se quedará ciego. Los battyman, la Biblia o el Buckra no son el enemigo, de hecho todos ellos tienen algo importante para contribuir a nuestra emancipación colectiva. No juzgues y no serás juzgado es una enseñanza que se encuentra en todas las religiones del mundo. Y todavía es oportuna. En lo que concierne a los fire burners (pirómanos), Mike General dijo a Laura Gardner, editora de Jahworks.org, que muchos de ellos están juzgando a los demás sin juzgarse a sí mismos, [esto] no puede estar bien. En una entrevista con Carter Van Pelt, Luciano afirmaba la necesidad de la quema retórica de ciertas cosas. Señaló que él había quemado un anuncio de tabaco que encontró en el escenario de uno de sus conciertos. Pero quemar sin razón o sin control, sin conocimiento, es peligroso para todos. They say love without knowledge is no love at all. We cyan afford fe spill more blood for the spilling of that blood.La música reggae de influencia rasta, dice mi amigo Andrej Grubanic de Serbia, es una cultura de amor y rebelión. Él y miles de aliados usaron el reggae como un arma organizada para revelarse contra la dictadura de Milosevic. Pero el rasta reggae les dio no solo un modelo de aquello a lo que se oponían, sino la alternativa mejor que querían. Andrej y Luciano forman parte de la cultura en la que vivo. Y ambos han comprendido que el fuego y la rebelión pueden usarse para la purificación y para la destrucción. En último lugar, el modo en que se usen depende de nuestra conciencia. Ser más conscientes hoy en día significa que debemos aprender cómo afrontar una rebelión controlada y no sólo una oposición. Porque si sólo conocemos aquello a lo que nos oponemos, entonces nos convertiremos en lo mismo que odiamos. Para crear esa alternativa mejor al sistema babilónico, nuestra rebelión ha de guiarse por el amor. Amor a la justicia, y en último lugar, amor y respeto a la vida. Those who say, ‘I Love Jah,’ and hate their brothers and sisters, are liars; for those who do not love a brother or sister whom they have seen, cannot love their Creator whom they have not seen. (Aquellos que dicen I love Jah y odian a sus hermanos y hermanas son embusteros; aquellos que no aman al hermano o hermana que han visto, no pueden amar a su “creador” al que nunca han visto) (I Juan 4, adaptado).

Puedes consultar el original en inglés. Gregory Stephens es autor de On Racial Frontiers: The New Culture of Frederick Douglass, Ralph Ellison, and Bob Marley (Cambridge UP). Como periodista, Stephens ha publicado en diferentes medios como Los Angeles Times, San Francisco Chronicle y Village Voice. Estudió en la Universidad de California y en la de Carolina del Norte, actualmente es profesor bilingüe en las escuelas públicas de la ciudad de Oklahoma. Los programas de radio, entrevistas y escritos realizados por Stephens se encuentran on-line en: www.gregorystephens.com. Contacto: gstephen@email.unc.edu