Babilonia

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Mucho se oye nombrar a “Babilonia” cuando escuchamos canciones y leemos poesías referidos a Rasta.
La explicación de esto no es casual, sino que es fruto de la lectura racional que los Rastas del mundo hacen de la Biblia.
Cuando señalamos a Babilonia como lo opuesto a lo bueno, como el resumen de lo demoníaco y el hogar del anticristo, no hacemos sino señalar la palabra de aquellos autores de la Biblia que fueron y son leídos e interpretados libremente por los cantantes y poetas de las creencias Iries.
Como para identificar lo que realmente es corrupto, Juan describe en varios pasajes de su libro a Babilonia como “la alianza de las fuerzas satánicas reunidas en los días previos a la segunda venida del enviado de Dios a la tierra”. O sea, el día del juicio final.
Por que Juan no sólo hace referencia a la Babilonia que se construyó fuera de los límites de la Iglesia, sino que incluye al espíritu apostata llevado adelante por muchos líderes del cristianismo apartados del camino señalado desde el principio por El Más Elevado.
Esto significa –ni más ni menos- el reconocimiento expreso de uno de los pilares cristianos acerca de que Babilonia es en Espíritu la Iglesia corrupta, vista desde el planteo filosófico bajo los edificios de Roma. Y esta lectura, que es textual, es la que hace Rasta cuando analiza la Biblia y lee sin mensajes ocultos la verdadera palabra.
Casualidad o no, los orígenes del concepto filosófico de Babilonia están en Roma, lugar actual de la Santa Sede. En tiempos del Nuevo Testamento, Roma se equiparaba a Babilonia por que era la ciudad que perseguía al pueblo de Dios.

Pero esa comparación entre la urbe romana y la babilónica surge del Antiguo Testamento.
Allí, Babilón es la ciudad donde se construyo la famosa torre de Babel, definida como una escalera entre el cielo y la tierra en el texto del Génesis. Los hombres de Babilonia reunidos en la llanura de Shinear después del Diluvio, resolvieron levantar una torre gigantesca para llegar al Supremo. Yahvé, al ver lo que intentaban, manifestó su ira y castigo a los atrevidos creando las distintas lenguas del mundo. Por este motivo, Babilonia fue castigada y –posiblemente por ello- tomada como ejemplo para enunciar todo lo que atenta a la voluntad divina.
Volviendo al Nuevo Testamento y a la equiparación de Roma con Babilonia, el mensaje de Apocalipsis 18 es bastante claro sobre el significado de la ciudad madre de lo impuro:
“Pueblo mío, sal de ella, aléjate, no sea que te hagas cómplice de sus pecados y tengas que sufrir sus castigos…Que se la castigue doblemente por sus crímenes, que se le dé a beber el doble de lo que preparó para otros…por que en un solo día, caerán sobre ella sus plagas: muerte, duelo y hambre”.
El extracto del relato leído corresponde al Apocalipsis, y es similar al lamento de Jeremías –uno de los profetas leídos con anterioridad en La De Dios- que trata sobre el asolamiento de la ciudad maldita.
Aparte de la representación pictórica de Apocalipsis, otros pasajes del Nuevo Testamento predicen en lenguaje claro el surgimiento nefasto de una potencia traidora dentro de la Iglesia que se extiende por todo el mundo mediante la fuerza y el engaño de sus sacerdotes de la maldad.
Que es notable por ejercer su justicia propia y falsa, sus arrogantes y blasfemas pretensiones, sus usurpaciones de prerrogativas divinas y la persecución del pueblo de Dios.

Pero más clara y poética aún es la visión de Juan cuando describe a Babilonia como la “Gran Ramera”. Para él, esta es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra, ubicada sobre una bestia bermeja que es el Papa, con sus siete cabezas y diez cuernos. La aprecia vestida de púrpura, escarlata y piedras preciosas por el pago de su adulterio y ebria de la sangre de los santos perseguidos a través de los siglos por los distintos tribunales impuros como el de la Santa Inquisición.
Juan la llama Ramera tomando el ejemplo de lo relatado por Isaías en el Antiguo Testamento, cuando Dios usó el símbolo de una prostituta para compararla a su iglesia en el momento en que sus representantes se unieron con los paganos.
Desde el punto de vista lógico, Babilonia es la “Ramera” en contraste con la mujer “Pura” que también es presentada como una ciudad: La de “Nueva Jerusalén,” más conocida como la “Santa Ciudad”.
Ambas tienen dueños, una pertenece a la Bestia, la otra al Cordero. Una es inmunda, la otra pura. Una se viste de escarlata, la otra de lino fino. Una está sentada sobre un trono de esplendor mundano; la otra, perseguida y escondida en el desierto. Una está destinada a la condenación, la otra a la gloria eterna.
Fue la Iglesia del Siglo Cuarto la que comenzó a identificarse con Babilonia. Y fue justamente cuando el Imperio Romano dejó de perseguir al cristianismo convirtiéndolo en religión oficial.
La alianza entre este Estado destructor y la parte podrida de la iglesia cristiana se convirtió en una entidad que usurparía para sí la autoridad divina que no les pertenecía.
La supuesta autoridad para perdonar pecados que se auto otorgaron los Papas, como también la abrogación del derecho para conceder indulgencias fueron algunas de las características que marcaron el inicio de la etapa material en el terreno de la iglesia.
La cobranza en monedas de oro para ir al cielo después de morir, el diezmo y el domingo como día de conteo de nuevos creyentes son, en definitiva, algunas de las maniobras de índole mercantil más palpables del concepto babilónico.
Las bulas papales de la Edad Media y de comienzos de la Reforma, en las cuales algunos historiadores han calculado que perecieron más de cincuenta mil mártires a manos de Roma papal, alimentan este concepto alienante.
Más allá de su significado interno y filosófico, Babilonia fue una ciudad dentro de la cual acontecieron hechos históricos y gobernaron personajes de trascendencia.
Fue el lugar donde se construyó la famosa torre de Babel y la ciudad capital del gobierno de varias dinastías, incluyendo a la de los amorreos.
A ésta familia perteneció Hamurabi, autor de un famoso código legal, fuente de nuestro sistema judicial.

Babilonia llegó a ser la cabeza de un poderoso imperio durante el tiempo de Nabucodonosor, ideólogo de los famosos jardines colgantes. En su reinado, la ciudad del mal nombre se convirtió posiblemente en la más grande de la antigüedad y para el 597 antes de Cristo, sus ejércitos invadieron Palestina y ocuparon Jerusalén tomando a gran parte de la población como prisionera.
En el año 586 los babilonios le pusieron fin a las rebeliones de los judíos, asesinando y deportando a la mayoría de los habitantes que quedaban en la ciudad.
Por eso decimos que la Babilonia real o literaria nace en el Antiguo Testamento y es para los primeros judíos lo que para los cristianos fue Roma.
Babilonia es todo aquello que atenta contra la verdadera naturaleza de Dios y que sigue la línea de la destrucción en su afán de conquista y malogrado poder.
Babilonia es el enriquecimiento de algunos en detrimento de muchos bajo lemas de coerción y amenazas imperiales.
Babilonia es, en definitiva, la furia del Mas Elevado y la falta de respeto más concreta hacía todas las gestas libertadoras.
Por In-Jah Man