In-Jah-Man: Salomón y sus juicios

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Por Injahman

Como no volver, y volver, y volver a hablar de Salomón, si él es quién plantó la semilla de las futuras generaciones de Rasta; Si fue él, quien inundó de gracia el seno tierno y receptible de Makeeda, su reina pensante, su locura de amor. Salomón, su padre, David, y todos aquellos que conformaron anteriormente el Trono de Israel son parte de la historia de Rasta, de su fe y éxodo. El origen de Rastafari es Salomón, y eso es motivo de orgullo, por que de todos los reyes consabidos en la historia universal es él quién aun ostenta el título de Sabio, y sabiduría es verdad… La sabiduría de SalomónEn ese tiempo llegaron hasta el rey dos prostitutas y una de ellas presentó así su queja: «Yo y esta mujer vivíamos en una misma casa y he tenido un hijo estando ella conmigo. A los tres días de mi parto, también esta mujer tuvo un hijo. No había ningún extraño en casa, salvo nosotras dos. El hijo de esta mujer murió ahogado durante la noche, porque ella se había acostado sobre él. Entonces se levantó ella durante la noche y tomó a mi hijo de mi lado, mientras yo dormía, y lo acostó con ella, y a su hijo muerto lo puso conmigo. Cuando me levanté para dar de mamar a mi hijo, lo hallé muerto; pero fijándome en él por la mañana, vi que éste no era el mío.» La otra mujer dijo: «Mi hijo es el vivo y el tuyo es el muerto.» Pero la primera replicó: «Mientes, el mío es el vivo». De manera que discutían en presencia del rey. Dijo el rey: «La primera dice: el mío es el que vive, el tuyo el muerto. Y la otra dice: no, el tuyo es el que ha muerto.» Y añadió: «Tráiganme una espada.» Cuando se la pusieron delante, dijo: «Partan en dos al niño vivo y denle la mitad a cada una.» La verdadera madre del niño, conmovida por la suerte que iba a correr su hijo, dijo al rey: «Por favor, mi señor, que le den a ella el niño vivo y que no lo partan.» Pero la otra dijo: «No será ni para ti ni para mí, que lo partan.» Sentenció el rey: «Para la primera el niño, y no lo maten, pues ella es su madre.» Todo Israel supo de la sentencia que Salomón había pronunciado y lo respetaron, pues vieron que había en él una sabiduría divina para hacer justicia. No fue esta la
única intervención que tuvo Salomón en disputas sociales, ni fue ésta, tampoco la única oportunidad en que su sabiduría relució. El conocimiento, la meditación y la experiencia conformaron para el rey judío los elementos básicos para el génesis de su ulterior conocimiento. Pero lo más importante es que esa sabiduría también fue utilizada como método de autorreflexión y penitencia interna, siendo que la aplicación de esas medidas justas y reflexivas también influyeron en su propio fuero interno. La tradición judía relata que cuando el rey David se encontraba en los umbrales de la muerte, llamó a su hijo y sucesor, Salomón, para la despedida final. Salomón era joven, inexperto y estaba muy preocupado por la corona que pronto sería suya. Le rogó a su padre que le dejara algo que pudiera serle de ayuda en tiempos de crisis. Su padre le dio un joyero que contenía una moneda. “Cuando te encuentres en aprietos”, dijo David, “abre este estuche y mira la cara de la moneda. Pero cuando te encuentres en la cima del bienestar, vuelve a abrirla y dale la vuelta y mira el lado opuesto. Que Dios sea contigo, hijo mío”. Y murió. Los años pasaron y Salomón se encontró asediado por problemas graves. Entre los altos rangos de sus oficiales mayores se gestaba una rebelión. Las varias esposas con las que había casado le exigían opuestos caprichos, llegando incluso a construir altares para los dioses extraños que en sus países de origen acostumbraban a idolatrar. El inmenso peso económico y logístico de construir el primer Templo para el Dios de Israel era casi imposible de resistir. Salomón estaba abatido y apesadumbrado cuando recordó el consejo de su padre y abrió el joyero. En la cara de la moneda leyó las palabras hebreas: Gam zeh ya’avor que significan “Esto también pasará”. Se sintió profundamente reconfortado por el mensaje y volvió a tomar el control de su destino con confianza y decisión. Se superaron los obstáculos. Se disipó la rebelión. Se terminó el glorioso Templo de Dios, un Templo cuya gloria física y espiritual ensombrecía toda forma de culto pagano en Israel. Los barcos de Salomón surcaron los mares y trajeron gran prosperidad a su pueblo. Desde todos los lugares, los altos y los poderosos hacían
peregrinaciones para rendir tributo a Salomón, a sus riquezas y a su sabiduría. Sentado en el cenit, Salomón olvidó las últimas palabras de su padre y no volvió a abrir el joyero. Esta omisión traería sus consecuencias. Fue entonces cuando Asmodeo, Rey de los Demonios, golpeó la puerta de su corazón. Según la leyenda, Asmodeo había sido llevado encadenado ante el rey Salomón y convertido en su esclavo. Tener tanto poder sobre el Rey de los Demonios era otro logro supremo que enriquecía el orgullo de Salomón e aumentaba su sensación de ser invencible. Sucedió que cierto día, el Rey le dijo a Asmodeo que no entendía cuál era la grandeza de los demonios, si el rey de todos ellos podía ser encadenado por un mortal. Asmodeo respondió que si Salomón le quitaba las cadenas y le prestaba su anillo mágico, podría probarle los poderes que poseía. Salomón aceptó. El demonio se puso de pie ante él, con una de sus alas tocando el cielo y la otra apuntando hacia la tierra. Tomó a Salomón, que le había entregado su anillo protector, y lo llevó volando a cuatrocientos kilómetros de Jerusalén, y luego se designó a sí mismo como rey. Durante tres humillantes años, Salomón vagó por la tierra de Israel, viviendo con lo que le daban en las casas donde pedía de comer. Una y otra vez exclamaba: “¡Soy Salomón, Rey de Jerusalén!” Sus palabras provocaban burlas y risas estridentes. “El más sabio de todos los hombres” era ahora considerado un loco de atar. Era un castigo que le hizo prestar atención a una voz mortecina del pasado. Recordó la moneda y la leyenda: “Esto también pasará”. Sintiéndose profundamente reconfortado por el mensaje, volvió a tomar el control de su destino y después de grandes luchas consiguió recuperar su trono y su riqueza. Fue entonces cuando otra vez en la cima de la gloria pensó de nuevo en la moneda y en su reverso. Si en los tiempos difíciles le había ayudado a superar todos los obstáculos cual podría ser el mensaje que la moneda encerraría para los momentos de gloria. Salomón abrió el joyero que su padre le entrego al morir, tomo la moneda le dio la vuelta y leyó: “Gam zeh ya’avor” , “Esto también pasara” y así fue como Salomón se convirtió realmente en el ser humano más sabio de todos los tiempos.